La lavandería industrial de la mansión era un monstruo de metal y vapor.
El ruido era constante. Zumbido. Golpe. Zumbido.
Estaba metiendo los manteles manchados del desayuno en una de las lavadoras gigantes. El olor a detergente químico me picaba la nariz, pero al menos cubría mi propio aroma.
—Valeria.
La voz de Víctor sonó justo detrás de mí. Seca. Precisa.
Me giré despacio.
El Beta estaba parado entre dos filas de secadoras. Llevaba su carpeta apretada contra el pecho como un escudo. Sus gaf