Rechazada por el Alfa Pero Coronada por el Deseo
Rechazada por el Alfa Pero Coronada por el Deseo
Por: El Profesor
Capítulo 1: Basura del Pack

—Aquí huele a sudor rancio —la voz chillona de Lydia resonó contra los azulejos—. Ah, claro. La cerda está aquí.

No levanté la cabeza. Seguí frotando la junta de los baldosines con el cepillo viejo. Un zapato de tacón de cuero italiano pateó mi cubo, derramando agua gris sobre mis pantalones.

—Ups —dijo Sara, soltando una risita.

Apreté el cepillo hasta que el plástico crujió. Uno. Dos. Tres. No les daría el gusto de ver mis lágrimas.

Levanté la vista. Lydia y Sara me miraban desde arriba, perfectas, delgadas como palos, con esas cinturas minúsculas que los Alphas adoraban. Y luego estaba yo.

Valeria. La mancha.

—¿Vas a limpiar eso o te lo vas a comer? —Lydia hizo una mueca de asco—. Sabemos que te encanta comer, Valeria. Se nota en... todo eso.

Hizo un gesto vago hacia mis caderas anchas que desbordaban mis vaqueros viejos y mis pechos talla 100E que amenazaban con reventar los botones de mi camisa. Carne. Demasiada carne para este lugar.

—Lo limpiaré —dije con voz ronca.

—Más te vale —Sara se miró en el espejo, retocándose el labial rojo—. Hoy es la Ceremonia de Mates. Damián estará por aquí.

—¿Te imaginas? —Lydia soltó una carcajada cruel—. Damián dijo anoche que si la Diosa le empareja con una gorda, se cortará las venas.

Sara se giró hacia mí, con una sonrisa maliciosa.

—Nadie querría a esa, Lydia. Mírale las tetas. Parecen vacas infladas. Sería un insulto para un Alpha de su talla tener que trepar esa montaña de grasa.

—O peor —añadió Lydia, abriendo la puerta—, que piense que hemos dejado entrar ganado al edificio principal. Muévete, cerda. Apeas el aire.

Salieron riendo.

Me quedé sola. "Ganado". "Cerda". Me levanté con dificultad. Mi reflejo en el espejo me devolvió la mirada: ojos verdes cansados, pelo negro desordenado y un cuerpo que era mi prisión. Me pasé una mano por la barriga suave. Curvas donde debía haber ángulos. Suavidad donde debía haber músculo.

Limpié el desastre rápido. Tenía que salir de allí.

Salí al pasillo pegándome a la pared, intentando hacerme invisible. El edificio del Consejo bullía de actividad por la luna llena. Yo solo quería terminar y esconderme.

De repente, el aire cambió. Se volvió eléctrico, cargado de ozono, lluvia fresca y un poder abrumador.

Las puertas dobles se abrieron.

Damián Plata.

El futuro Alpha. Veintidós años de pura arrogancia y músculo esculpido. Caminaba como si fuera el dueño del aire. Su cabello negro estaba perfecto, sus ojos grises podían helar el infierno.

Mi corazón dio un vuelco estúpido. Mi cuerpo me traicionó al instante.

Mis pezones se endurecieron dolorosamente bajo la tela barata de mi camisa. Entre mis piernas, un calor vergonzoso y húmedo floreció de golpe. Mi loba interior, esa perra traidora que nunca me hablaba, arañó mi pecho gimiendo.

Alpha. Mío. Alpha.

Lo odié. Odié a mi cuerpo por reaccionar así ante él. Odié sentirme mojada por el hombre que permitía que me trataran como basura.

Bajé la cabeza. Regla número uno: no ofendas su vista.

Damián pasó a mi lado. Su olor a sándalo y bosque profundo me golpeó, haciéndome salivar. Estaba tan cerca que sentí el calor que irradiaba su piel.

Se detuvo.

Todo mi cuerpo se tensó. ¿Me había olido? ¿Mi excitación apestaba?

Damián giró la cabeza lentamente. No me miró a los ojos. Su mirada bajó directamente a mi pecho, donde un botón luchaba por no estallar, y luego recorrió mis caderas anchas con una lentitud insultante.

Hizo un sonido. Un bufido corto y seco.

Asco. Puro y duro.

Ni siquiera me habló. Arrugó la nariz como si hubiera pisado excremento y aceleró el paso para alejarse de mi pestilencia.

Me tragué las lágrimas. El odio burbujeó en mi estómago, caliente y espeso. Algún día te arrepentirás de mirarme así.

Me arrastré hacia el armario de limpieza, situado junto a la oficina del Alpha Supremo, Rafael.

La puerta de la oficina estaba entreabierta. Voces.

—Todo está listo para esta noche, padre —era la voz de Damián, potente y segura—. El pack está fuerte.

—Bien —respondió Rafael, con voz de grava—. Esta noche es crucial. Encontrar a tu mate solidificará tu posición. Necesitas una Luna fuerte. Una guerrera que te dé herederos dignos, no una inútil.

Me paralicé con la mano en el pomo del armario. El cubo pesaba en mi mano.

—Lo sé —dijo Damián. Escuché el tintineo de un vaso—. Siento que será alguien de linaje puro. Tal vez la hija del Beta Marcos.

—Cualquiera servirá —rio Rafael, una risa machista y desagradable—, siempre que tenga buena cadera para parir y sea agradable a la vista. Nada de defectos.

Hubo una pausa. Me incliné un milímetro, conteniendo la respiración.

La voz de Damián bajó de tono, cargada de un veneno frío.

—Espero que la Diosa tenga piedad. Si el destino me ata a la cerda de Valeria...

Mi corazón se detuvo.

—... te juro por la Luna que prefiero arrancarme la garganta yo mismo antes que aparearme con esa bola de grasa inútil. La rechazaré ahí mismo. No dejaré que esa vergüenza manche mi cama.

Ambos rieron. Una risa cruel que resonó en mis huesos.

Mis dedos perdieron fuerza. El cubo de agua sucia se resbaló de mi mano y golpeó el suelo con un estruendo metálico que resonó por todo el pasillo

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