Melissa desvió la mirada hacia la mano del hombre que estaba sobre su brazo sintiendo su toque, y tuvo que contenerse para no apartarlo bruscamente; podía ser normal que los clientes tocaran a las acompañantes, pero ella sentía un profundo asco por aquello. Aunque los toques de aquel hombre eran... diferentes, no eran atrevidos ni sucios, eran gentiles y suaves como leves caricias que respetaban sus límites.
–B-bueno, lamentablemente servir bebidas y sonreír es todo lo que puedo hacer para ayud