–¡Te prometo que esto nunca volverá a repetirse!– Gregorio respondió de forma inmediata y firme, y se acercó a la cama sentándose en el borde, quedando frente a Melissa, y miró sus muñecas recordando el momento en que la vio tirada en el suelo, y la desesperación que sintió al pensar que nunca volvería a verla.
No podía permitir que algo así se repitiera.
–Ya no tendrás que hacer eso, olvida todo lo que te dije antes, no tendrás que seducir a ningún hombre, y no voy a permitir que ningún hombre