–Señores, la cena ya está servida– informó la ama de llaves de la mansión, acercándose a donde estaban los tres.
Alexander siguió mirando a Valentina, quien no retrocedía y lo enfrentaba con la mirada, mientras Sebastiano también observaba a Alexander con una leve sonrisa victoriosa, con el corazón acelerado y emocionado por lo que ella había dicho.
Alexander se acercó a Valentina lo suficiente para que sus cuerpos se tocaran, cubriéndola con su sombra. –En casa hablaremos de esto–
Valentina lo