Alexander caminaba de un lado a otro, impaciente, en su oficina. Tenía miedo de que Valentina se negara, pero como su asistente, ella tenía el deber de presentarse a su llamado. Al mismo tiempo, no quería parecer el arrogante y despreciable que abusaba de su poder, como ella ya lo había visto antes. No quería que continuaran peleados; quería salvar su matrimonio y tener a su esposa de vuelta.
Alexander suspiró, listo para salir de la oficina y cancelar el llamado, pero se detuvo al escuchar go