Alexander miró intensamente a Valentina, que lo devolvía la mirada en un lugar más apartado de los demás.
–Tú… ¿estás segura de esto?– preguntó Valentina, poniéndose seria. No quería dejarse llevar por sus emociones otra vez.
Alexander sostuvo su mano sin romper el contacto visual. –No estaría aquí si no estuviera seguro. Te prometo que esto es lo que quiero, con cuerpo, alma, mente y corazón, y no dejaré que nadie se interponga entre nosotros. El pasado quedó en el pasado, y mi presente y fut