Valentina llegó a la empresa al día siguiente, y apenas salió del ascensor en el piso presidencial, la recepcionista la llamó.
–¡Señora Valentina!– dijo la joven acercándose con una sonrisa –Buenos días–
–Buenos días, ¿algún problema?–
–El señor Alexander pidió informarle que su oficina ya está lista–
–¿Mi… mi oficina?–
–Sí, por aquí por favor– dijo la recepcionista, yendo delante de ella.
Valentina miró la puerta de la oficina de Alexander y sintió un nudo en el corazón.
"Parece que ya tomaste