–Dije que no voy a firmar. No estoy de acuerdo con la mitad de las cosas que están ahí. ¿Quieres una esposa o una empleada disponible las 24 horas para tus caprichos? Si ese es el caso, estás hablando con la persona equivocada–
–¿Que “no estás de acuerdo”?– Alexander soltó una risa seca y sin humor, manteniendo la mirada seria sobre ella. –Perdóname, ¿en algún momento hice parecer que tenías la opción de estar de acuerdo o de elegir algo aquí? ¿Debo recordarte cuál es tu posición en esta relación?–
Valentina frunció el ceño, ya sabiendo lo que él diría.
–Yo soy la parte que aporta el dinero y el acuerdo aquí, y tú la parte que firma el contrato y da las gracias. No estás en posición de hacer exigencias. Recuerda que todo esto que estoy haciendo es solo un gesto de buena voluntad. Si yo lo decido, te cobro a ti y a tu familia todas las deudas que pagué, anuncio públicamente que compré vuestra empresa y todas vuestras propiedades, dejándolos en la ruina total, donde hasta vuestro nombre