–¿Esto es alguna broma?– preguntó Alexander, mirando a su padre, que estaba de pie en su despacho, donde también se encontraba Sebastiano, sentado tranquilamente.
–¿Cómo que este bastardo va a trabajar aquí? ¿Ha perdido el juicio?–
–¡Mira cómo hablas, Alexander! ¡Sigo siendo el dueño y presidente de esta empresa! ¡Y esta fue mi decisión, ya está tomada!–
Alexander continuó mirando a su padre con expresión de no haberlo aceptado y como si estuviera dispuesto a hacer algo en contra.
Heitor suspir