–¡Alexander!– Heitor reprendió a su hijo, que no se inmutó en lo más mínimo y mantuvo su mirada fija en Sebastiano.
–¡Valentina todavía es mi esposa!– Alexander levantó la voz sin dejar de mirar a Sebastiano con pura furia. –¡YO decido cómo vivirá, y no permito que te metas en nuestros asuntos personales! Y si vuelves a hablar de ella de esa manera frente a mí, como si fueras su protector o su hombre, te garantizo que la próxima vez tus padres te encontrarán en el congelador de una morgue–
–¡Al