–¿Alex?– llamó Leila con su voz débil al sentir la demora en su respuesta, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
–¿Y-ya no me quieres? Tú... ¿tú sientes asco y repulsión por mí porque fui tocada por otros hombres?– preguntó llorando.
–¿Qué? Leila, no, ¡no es nada de eso!–
–¡Sí que lo es! ¡Sientes asco de mí! ¡Ya no quieres tocarme! ¡No quieres amarme más, me odias! ¡Eres como todos ellos! ¡Solo me usaste y luego me tiraste! ¡Eres uno de ellos! ¡Uno de ellos!– dijo completamente alterada, empujánd