Valentina suspiró y tomó su jugo.
–Sabes que mi situación no es tan simple, y no tengo ni la cabeza ni el tiempo para pensar en noviazgo y esas cosas. Ahora tengo que pensar en mi hermana, en este compromiso, en cómo hacer que mi familia se levante y sea independiente del Palacio Riva. Sin contar que Alexander pagó todas las cuentas del hospital de mi hermana, claro que le voy a devolver cada centavo porque eso no estaba incluido en el acuerdo inicial de que él pagara las deudas de la familia, y lo último que quiero es deberle algo a ese hombre. Así que, por más tentadora que sea la propuesta de Sebastiano, tengo mucho en qué pensar, y lo último que quiero es que, si acepto la propuesta de Sebastiano, Alexander haga algo peor con él o con su familia–
–Ah, es verdad, recuerdo unos rumores sobre el Palacio Riva teniendo vínculos con la mafia italiana, y después de la forma en que Alexander actuó ayer, no sé. ¿Crees que eso sea verdad?–
–No lo sé y no sé si quiero saberlo. Pero de cualqu