Valentina dio un paso atrás, alejándose de Sebastiano.
—Sebastiano, yo no puedo…—
Sebastiano sujetó con más firmeza las manos de Valentina.
—Valentina, por favor, ya te dije que no estás sola. Puede que mi familia no sea tan poderosa como los Riva Palácio, pero tenemos dinero suficiente para prestarle a tu familia sin segundas intenciones. Solo acepta—
Valentina se rascó el cuello nerviosa, con las manos sudorosas. Sabía que Sebastiano era de confianza y que jamás haría nada para perjudicarla.