Valentina lo miró fijamente y luego bajó la mirada, derrotada.
–T-todo... todo está bien, acepto–
–Perfecto– Alexander volvió a acercarse a la mesa y se sentó en su lugar, al lado de su futura esposa. –Traigan el champán– dijo a una criada, que fue a buscarlo.
–Y no se preocupen. No voy a dejar que mi suegro ni nadie de la familia de mi esposa pase hambre ni carezca de lo básico; seguirán trabajando en la empresa, claro, en cargos inferiores, ya que yo seré el presidente y tendré a mi gente de