Valentina sintió que su corazón daba un fuerte latido al escuchar aquella voz, esa voz que no oía desde hacía años, pero que aún reconocería en cualquier lugar.
Valentina se giró rápidamente hacia el hombre, y su corazón empezó a latir como loco al ver el hermoso par de ojos azules del hombre frente a ella; con un elegante traje negro, el cabello negro y ondulado cayéndole hasta el cuello, alto, fuerte, en resumen, un hombre muy atractivo.
El hombre sonrió mirando a Valentina con una sonrisa especial y distinta, haciéndola ruborizarse y ponerse nerviosa, y aquel intercambio de miradas sin duda no pasó desapercibido para Alexander, que ya estaba irritado solo de ver a aquel hombre allí.
Alexander miró al hombre frente a él, que tenía la misma altura, la misma complexión y que también poseía cierta belleza, y esas similitudes solo lo irritaron aún más.
Instintivamente, la mano de Alexander pasó por la cintura de Valentina en un gesto posesivo e inconsciente al ver la forma en que su pro