La sala estaba llena de calor, gemidos y suspiros de dos cuerpos que se movían en coordinación uno contra el otro, buscando su placer. Miradas intensas, besos, caricias y el deseo de que aquel momento durara para siempre. Serena clavó sus uñas en la espalda de Dominic, llegando una vez más a su límite, sintiendo todo su cuerpo exhausto. Dominic normalmente era tan cariñoso y atento, pero aun así viril; sin embargo, esa vez estaba tan fogoso, brutal en la medida justa, dominante e insaciable, era como haber estado con dos hombres distintos en uno solo.
Serena sonrió y levantó la cabeza mirando a Dominic, y Dominic bajó la cabeza mirando a la mujer debajo de él. Serena alzó su mentón, tomando los labios de él en un beso apasionado que tenía un sabor especial después del momento íntimo compartido, y tras separarse del beso volvió a mirarlo.
—Entonces, ¿eso quiere decir que me crees? ¿Te acordaste de mí? ¿O al menos me darás una oportunidad de demostrar que todo lo que vivimos fue real?—