El lujoso automóvil continuó avanzando por las calles de Londres, cada vez más congestionadas. En el asiento trasero, el silencio resultaba sofocante.
Penelope respiró hondo, ignorando el dolor punzante que aún latía en su cuello debido al agarre de Adrian unos minutos antes.
Desplazó su voluptuoso cuerpo un poco más cerca de él, ignorando la distancia fría que su marido había creado deliberadamente. Con los dedos temblorosos, alcanzó el borde de la chaqueta negra que Adrian llevaba puesta y af