La mansión Harrison se sumió de repente en una tensión mucho más densa que la de los días habituales. Esa mañana, tres sedanes blindados de un negro azabache se detuvieron exactamente en el patio principal. De su interior bajaron cuatro hombres de mediana edad vestidos con rígidos trajes formales de tres piezas, acompañados por el abogado principal de la familia. Eran el Consejo de Guardianes de los Harrison: la máxima autoridad que supervisaba todo el linaje, los derechos de sucesión y la ejec