La respiración agitada de Adrian fue calmándose poco a poco hasta recuperar un ritmo regular, pero los latidos de su corazón se desbocaban cada vez con más fuerza. Su rostro seguía oculto en el hueco del cuello de Penelope, aspirando el delicado aroma a rosas que impregnaba su piel.
Fue entonces cuando la realidad golpeó de lleno su cordura.
La oscura imagen de su madre exhalando su último aliento sobre la cama de parto volvió a proyectarse en su mente como una cinta dañada que no dejaba de rep