El edificio de la Facultad de Humanidades estaba especialmente concurrido aquel mediodía. Los estudiantes iban y venían tras haber terminado las clases de la tarde. Penelope Bellrose salió del vestíbulo de suelo de mármol con su bolso de lona colgado del hombro. Aquel día tenía la mente completamente agotada por la complejidad de las lecciones, pero aquello seguía siendo mucho mejor que quedarse encerrada en la mansión Harrison pensando en lo frágil que había sido la fortaleza de Adrian la noch