Rashad.
Mia…
—Señor… la señorita Hadassa ha preguntado por usted… incansables veces… —Apreté mis dientes, y seguí consumiendo de la bandeja que había sido presentada en mi habitación.
Era de noche, de hecho, este era el último día en el que Babel tendría una paz absoluta, una que, incluso, dolía en los oídos.
No había un pueblo presente, solo hombres que se preparaban para una batalla esperando que el sol tocara nuestro suelo glorioso. Había cierta incertidumbre en el aire, y ese sin sabor que