[Layla]
Las puertas automáticas de la sala de urgencias del Hospital Central se abrieron con un zumbido metálico, escupiendo un golpe de aire frío y un abrumador olor a cloro y desinfectante.
Entré corriendo, casi tropezando con mis propios pies. Llevaba unos pantalones deportivos arrugados, el cabello hecho un nido de enredos y la cara lavada, manchada con los restos del rímel de la noche anterior. Ya no quedaba rastro de la mujer altiva que exigía trato VIP en las boutiques de lujo de Via Con