[Adriana]
El impacto de nuestra aparición en la Cumbre Empresarial se sintió con la fuerza de un terremoto a la mañana siguiente.
Desperté en el penthouse de Alan, envuelta en sábanas negras y con el sol de Roma acariciándome el rostro. Lo primero que vi al abrir los ojos fue a Alan, ya despierto, apoyado en el respaldo de la cama, leyendo las noticias financieras en su tableta. Llevaba solo los pantalones de pijama oscuros, y su pecho tatuado subía y bajaba con una tranquilidad envidiable.
—Bu