REY DE OROS. CAPÍTULO 20. Un regalo de bodas
REY DE OROS. CAPÍTULO 20. Un regalo de bodas
Costanza no podía creer lo que veía. El garaje de Alaric parecía salido de un sueño de nerd millonario con obsesión por la velocidad. Había autos deportivos de todos los colores, algunos con puertas que se abrían como alas de murciélago, otros con llantas tan enormes que parecían ruedas de avión en miniatura.
Y las motos… ¡aaaaaay, las motos! Estaban alineadas como soldados perfectamente formados, cada una más impresionante que la anterior: Ducati,