CAPÍTULO 33. Burlas y pincitas
CAPÍTULO 33. Burlas y pincitas
Raven se despertó con la cabeza embotada, la garganta seca como el desierto y el cuerpo… bueno, el cuerpo dolía en sitios que ni sabía que podían doler. Parpadeó varias veces, entrecerrando los ojos por la luz que se colaba sin pudor entre las cortinas abiertas, y paseó los ojos alrededor.
El reloj sobre el tocador de la habitación marcaba el mediodía. La resaca que tenía era real, pesada, y perfecta.
La habitación era enorme, iluminada, de cortinas blancas, lujos