El socio observó a Vittorino durante unos segundos antes de hablar. Se habían apartado del bullicio de la oficina, junto a una ventana que daba a la ciudad.
—No te entiendo, Vitto —dijo al fin, sin rodeos—. Llevo días viéndote… distinto. Radiante. Con energía. Siempre con Alejandra a tu lado. Te juro que pensé que entre ustedes estaba pasando algo serio.
Vittorino esbozó una sonrisa breve, cansada. De forma confesional, tenso y revelador, comento sobre su dualidad emocional de él y su comport