PREOCUPACION Y CONFRONTACIONES.
Quedé petrificada, pendida de la escena, era como si aquella luz, qué brotó de Adrián, desterraba la oscuridad que yacía en el cuerpo de aquel animal. La forma se evaporó muy rápido de las manos de Adrián, despidiendo un humo negro que se elevó dejando una estela a su paso y un gemido lamentoso. Adrián cayó exhausto al piso, José y yo fuimos a su encuentro y lo abrazamos con la mente confusa.
—¡Patrón, nos ha salvado! Eso no era un animal, era un demonio —manifestó, el muchacho aun temblando.
—D