LOS ESPÍRITUS SE ALZAN.
Estefanía.
Los días y las horas transcurrían como si nada, pero la angustia en mi alma seguía intacta, me atrevería a decir que incluso peor. Una vez que me reuní con el conde, me concentré en lograr la invisibilidad, que era lo que realmente quería. ¿Cómo había llegado hasta este punto? ¿Cómo se había convertido mi existencia en una maldita odisea? De pronto, tuve la imperiosa necesidad de abandonar aquella sofocante hacienda, donde la servidumbre siempre estaba en completa sumisión. Tambié