LAS MENTIRAS LUCHAN POR MANTENERSE.
—No es frialdad, te digo la verdad: tú eres hijo de Rodolfo, eres tú el confundido y crees que las cosas que puedes hacer son pruebas suficientes de que en verdad no eres su hijo; yo también poseo la marca al igual que esta bastarda. La sangre de Rodolfo está infectada por la maldición de Hanna y eso ya es más que suficiente para no ser tan humanos; es más, pregúntale a tu amada Estefanía si encontró el diario de tu abuelo, él ahí lo explica todo ¡Y no se te ocurra negarlo Estefanía! —Rodolfo