EL DOLOR AMENAZA A LA CORDURA.
—Madre, a partir de hoy soy huérfano, no acepto haber sido parido por una mujer tan nefasta como usted… ¡Estás muerta para mí! —manifestó Adrián causando que Elizabeth se le acercara tomándolo por el brazo.
—Hijo, tú no me puedes odiar, yo todo lo que he hecho es porque te adoro… por tu bienestar.
—¡No me toques!… estás enferma y loca —espetó con asco liberándose de ella, entonces Elizabeth giró a verme, sus ojos me contemplaron cargados de hiel y en acto seguido se abalanzó sobre mí.