LA SANGRE LLAMA Y LOS ENFRENTAMIENTOS DUELEN.
Adrián.
Alyan no abandonaba mi mente, me mortificaba no saber cómo le estaba yendo en aquella hacienda, si pudo salir ileso, si habría descubierto que mis sospechas no eran infundadas, pero sobre todo si ya había podido dar con ella; los pensamientos se diluyeron al llegar al otro santuario donde cohabitaban los otros centinelas.
Los rostros de Bacco, Yahadet y Nahe se abocaron a mí, mientras otros dos desconocidos seguían mirándome de espaldas, soltando luz que rodeaba una especie de jaula