JURAMENTO Y DOLOR.
—Explícate mejor, ya que no veo nada extraño en mí.
—A simple vista y en reposo, es normal —la carcajada que soltó después de esa oración hizo temblar la estancia. Traté de acercarme nuevamente, pero una vez más, Nahe me lo impidió. Los ojos de mi madre se volvieron negros por completo, como dos carbones, y al mirarme frente a frente no pude reprimir las náuseas y el dolor de cabeza; sin embargo, ese malestar no era nada comparado con el dolor que experimentaba al verla de esa manera.
—La