LA CENA.
—¡Rosa, ya para con eso!
—Nunca te miento, y tú no puedes casarte con ese conde; debes deshacer ese compromiso inmediatamente.
—¿Cómo es posible que pueda creer en las supuestas barbaridades que dije cuando sabes que estoy desequilibrada desde que supe que Adrián es mi hermano? ¡No sé qué es real y qué es irreal! A menudo confundo los pensamientos en mi mente, como podrás ver, ya no puedo confiar en mí misma. Rosa, ahora comprendo lo que soy sin él; ya no puedo aferrarme al hecho de que