Adrián.
¿Cuál era la tortura más atroz? ¿Cuál era el dolor más intenso? Esas se habían convertido en mis preguntas diarias; sin embargo, ya conocía la respuesta y lo que más dolía era el hecho de tenerla tan cerca y, aun así, no poderla tocar… tan cerca y tan lejos a la vez. En ese momento de introspección me di cuenta de que no solo estaba experimentando el dolor, sino que también me estaba conociendo a mí mismo y a mis límites. Su presencia me acompañaba en mi camino.
Estefanía no estaba