—Buenas noches —saludó Guillermo levantándose del mueble, demostrando educación, sin embargo, Adrián lo miró con hostilidad.
—Me temo qué para mí no son tan buenas —murmuró y noté cómo hacía su mejor esfuerzo para contenerse.
—Dígame, ¿qué lo trae por aquí esta noche? —dijo con voz apremiante.
—He venido a preguntar por la salud de doña Ana y también aproveché de ver a Estefanía. Como es de su total conocimiento cuento con el permiso de doña Ana y su hijo Rodolfo —le recordó logrando qué Adri