Mundo ficciónIniciar sesiónGaia
Astharoth se apartó con una frialdad inhumana, ajustándose los ropajes mientras sus ojos, fríos como el hielo del vacío, no se despegaban del cuerpo destrozado de Gaia. No permitió que ella siquiera tomara una bocanada de aire para intentar recoger los pedazos de su alma. La puerta de la alcoba se abrió con un estruendo metálico y el Comandante, una mole de músculos y cicatrices, entró con el paso pesado de quien no conoce la compasión. Sin mediar palabra, la agarró del brazo y la levantó de la cama con un tirón tan violento que Gaia sintió el crujido seco de su hombro desencajándose. La obligó a caminar desnuda por los pasillos de piedra, arrastrando los pies sobre el granito gélido. Cada paso era un cuchillo clavándose en su vientre, pero el Comandante no permitía pausas; las cadenas en sus muñecas golpeaban una contra la otra, marcando un ritmo fúnebre que resonaba en las bóvedas del castillo. Al llegar al salón del trono, el horr






