Mundo ficciónIniciar sesiónGaia
Astharoth se apartó con una frialdad inhumana, ajustándose los ropajes mientras sus ojos, fríos como el hielo del vacío, no se despegaban del cuerpo destrozado de Gaia. No permitió que ella siquiera tomara una bocanada de aire para intentar recoger los pedazos de su alma. La puerta de la alcoba se abrió con un estruendo metálico y el Comandante, una mole de músculos y cicatrices, entró con el paso pesado de quien no conoce la compasión. Sin mediar palabra, l






