Gaia
El despertar de Gaia fue un tránsito lento desde el olvido hacia una realidad que resultaba mucho más aterradora que cualquier pesadilla. Al abrir los ojos, se encontró sumergida en una negrura absoluta; un vacío tan denso que la sensación de asfixia era casi física. El aire en aquel lugar apestaba a moho, a hierro y a la inmundicia que todavía impregnaba su piel. Intentó levantar la vista, pero la oscuridad se negaba a revelar los límites de su prisión.