Gaia
El aire en este lugar no se puede respirar; se siente como ceniza ardiendo directamente en mis pulmones. Caminaba con las piernas temblorosas, obligada a avanzar por un pasillo infinito donde las paredes parecían exudar una angustia antigua que se me pegaba a la piel. Frente a mí, la espalda de Astharoth se alzaba como un muro de hierro infranqueable. Su armadura negra absorbía la escasa luz, ocultando cualquier rastro de humanidad y recordándome, a cada paso, que él no era un hombre, sin