Mundo ficciónIniciar sesiónConan
—Es cierto —sentenció ella, y su voz cortó el aire como una cuchilla— Mi hija es una Diosa. El Dios Caos en persona la engendró en mi vientre. Gaia es la Diosa de la tierra, la heredera de la creación que ustedes, perros sarnosos, trataron como a una basura insignificante. Dio un paso hacia mí, con el rostro desencajado por el rencor. —Y tú, Conan... tú que juraste protegerla, permitiste que se la llevaran. Deberían caer todos de rodillas y rezar por que la ira de Caos sea rápida, porque cuando el Creador se entere de lo que han permitido que le pase a su sangre, no quedará nada de ninguno de ustedes. Los Alfas permanecieron mudos, pálidos bajo la luz de la mansión. El miedo les había cosido los labios ante la mención de un Dios real. En ese instante, un sonido rítmico y metálico detuvo el pulso del lugar. Clac... clac... clac...






