Mundo ficciónIniciar sesiónGaia
El trayecto en el coche fue tranquilo, pero en cuanto Conan estacionó frente al edificio de la oficina, los nervios volvieron a aparecer. Ya hemos dejado a Rhea con mis padres, y aunque logré sobrevivir al escrutinio de mi padre, entrar a la oficina con el Alfa es una historia diferente. Conan apaga el motor y se queda un momento observándome. Me miro en el espejo retrovisor e instintivamente llevo mi mano al cuello para intentar acomodar un mechón de cabello sobre las marcas. Antes de que pueda hacerlo, la mano de Conan atrapa mi muñeca con firmeza pero sin hacerme daño. —Ni se te ocurra, Gaia —me advierte con esa sonrisa de suficiencia que ha tenido toda la mañana. Baja del coche con esa seguridad que lo caracteriza y rodea el vehículo para abrirme la puerta. Cuando salgo, no me deja espacio para alejarme; me toma por la cintura, pegándome a su cuerpo, y con una lentitud deliberada, acomoda mi cabello detrás de mi oreja, dejando mi






