Conan
Me quedé ahí parado un momento, simplemente viéndola. Había pasado un mes desde que Gaia empezó a entrenar a las guerreras y verla ahí, en medio del campo, me llenaba de un orgullo que no me cabía en el pecho. Se movía con una seguridad que antes no tenía; ya no era solo la chica que amaba, era una líder. Mi padre estaba a mi lado y no dejaba de observar cada uno de sus movimientos.
—Mira cómo ha mejorado —me dijo mi padre con tono de aprobación—Tiene un instinto natural, Conan. No so