Gaia
Entramos a la casa con una urgencia que nos quemaba por dentro. Conan caminaba con paso firme, cargando a Rhea con una delicada protección que contrasta con el fuego que desprende su cuerpo. Entramos en su habitación y la depositó suavemente en la cuna; la niña apenas soltó un suspiro, acomodándose en los almohadones sin despertar. Pero en cuanto Conan se asegura de que ella está a salvo, su paciencia se rompe por completo.
Me toma de la cintura y, antes de que pueda reaccionar, me levanta y me carga sobre su hombro como si no pesara nada. Su mano baja con firmeza hacia mi trasero, apretándolo y acariciándolo con una posesividad que me arranca un jadeo de sorpresa. Con paso decidido, sale del cuarto de nuestra hija directo a nuestra habitación.
Justo cuando estamos cruzando el pasillo, nos topamos de frente con Mika, que venía caminando distraído para vigilar a Rhea..
Mika se detiene en seco, abriendo los ojos de par en par al ver la escena. Yo estoy boca abajo sobre el hombr