Capitulo 4

Gaia

La luna llena brilla sobre el bosque, iluminando el rostro de mis seres queridos. La música es suave y alegre, y el olor a comida deliciosa flota en el aire.

Miro a mi alrededor y veo a la manada Serus celebrando nuestra unión.

Todos están sonriendo y bailando, disfrutando de la fiesta. Veo a Conan bailar con su madre, ambos sonriendo. Mi corazón late con amor al verlo tan feliz. Cuando termina la canción Conan se acerca a mi con una enorme y hermosa sonrisa. Al fondo comienza otra canción y la gente se comienza a reunir para bailar.. Conan extiende su mano acompañado de una reverencia y yo por supuesto que acepto, me lleva al centro de la pista , me abraza y me hace girar, nuestro amor es palpable en el aire. La música es como un hechizo que nos envuelve, haciéndonos sentir como si fuéramos los únicos en el mundo.

Después de un rato, la música se detiene y todos toman su lugar en las grandes mesas que se extienden bajo los árboles. Conan y yo nos sentamos juntos, y la manada comienza a servir la comida.

El olor a carne asada y estofados de caza es irresistible. Todos comemos y bebemos, disfrutando de la deliciosa comida y la compañía de los demás. La noche es mágica, llena de risas y amor.

​Cuando terminamos de cenar, Conan tomó mi rostro con ambas manos.

—No tienes idea de lo difícil que ha sido controlarme —me dice—. Si no fuera por la poca cordura que me queda, la bestia que llevo dentro ya te estaría tomando en este momento sin importar que estén todos presentes.

​Su comentario hace que un choque eléctrico corra por todo mi cuerpo y lo único que puedo hacer como respuesta es reír, pero en su rostro solo puedo observar agonía y deseo.

—No queremos que eso pase aquí —le digo acariciando su rostro. El brillo dorado que noté en la ceremonia de nuevo apareció en sus pupilas y me dedicó una amplia sonrisa.

​—De acuerdo, vámonos ahora —me dice con mirada decisiva.

—Está bien, solo vamos a despedirnos de todos…

—No —me dice interrumpiendo—. Ya hicimos todo lo que ellos querían.

​Se puso de pie y me ayudó a que también lo hiciera.

—Si nos vamos ahora, nadie se dará cuenta.

​Observo a todos los invitados, que se encuentran distraídos celebrando y tomando vino; es verdad, nadie notaría nuestra ausencia.

—Vamos —le digo.

​Salimos del lugar como amantes fugitivos, mi corazón palpitaba con una emoción desbordada.

—¿Vamos a nuestro nuevo hogar? —le pregunto tomando su mano.

—No, iremos a un lugar mejor.

​¿Un lugar mejor? Que yo supiera solo teníamos la casa de la manada.

—Sube —me indica agachándose un poco.

​Me apresuro a subir acomodando mi largo vestido, pero me incomoda tanto que termino desgarrando la cola. Conan solo se ríe, ya sabe que eso es común en mí. Cuando por fin estoy cómoda sobre su espalda, él comienza a correr a gran velocidad esquivando los árboles. Yo solo lo abrazo fuerte, disfrutando el viento frío que golpea mi rostro. Después de un rato, se detiene y bajo de su espalda. Miro a mi alrededor y solo hay árboles.

—No es lo que estás pensando —me dice él—. Ahora quiero que confíes en mí, cierra los ojos y no los abras hasta que yo te diga.

​—Está bien —le digo mientras los cierro.

​Siento que me carga entre sus brazos y comienza a correr un poco más. Comienzo a escuchar el sonido del río chocando con las rocas.

«¿En dónde estamos?»me preguntó a mi misma. Me depositó suavemente en el suelo, me toma de la mano y me ayuda a dar unos pasos.

Por el aroma y el sonido, noto que estamos a la orilla del río. Me detiene y me abraza por detrás entrelazando sus manos con las mías. Siento su respiración en mi cuello; es algo tan simple, pero a la vez tan excitante.

​—Abre los ojos —me susurra al oído.

​En ese instante, la oscuridad se rompió. Lo primero que vi fue una ráfaga de luz cálida que salía de una casa hermosa entre los árboles. Estaba construida con piedra oscura y parecía que las rocas del río la hubieran levantado. Vi la chimenea gigante y las ventanas que derramaban luz dorada sobre la hierba.

​Me giré lentamente hacia Conan, sintiendo una calidez hermosa. Había creado un escenario que superaba cualquier fantasía.

—Conan… gracias. Me encanta —fue lo único que pude pronunciar.

—No tienes por qué agradecer — contestó—. Este será nuestro hogar. Pensé que estarías cómoda en un lugar así, más retirado.

​Me encuentro realmente impresionada; sin saberlo, me acabo de dar cuenta de que esto es todo lo que quiero.

—Es perfecto —susurré.

​Él tomó mi mano para guiarme dentro. Al abrir la puerta, vi una sala pequeña y acogedora con una alfombra de colores oscuros y una gran biblioteca que llamaba toda la atención.

—Mi madre me ayudó con la decoración —dijo él— Si no te gusta puedes cambiarla.

—No, todo así está bien — contesté

​Seguimos el recorrido por la cocina hasta llegar a la recámara principal. Era amplia, con sábanas grises y un hermoso tocador de madera. Pero lo que más me gustó fue la enorme ventana con vista al río.

​Al entrar me quedo de pie, en medio de la habitación sin palabras, mientras Conan me observa desde una esquina totalmente maravillado. Sé que puede sentir mi emoción por nuestro vínculo de almas. Se acerca sigilosamente y me abraza por la cintura. Siento nervios porque sé exactamente lo que viene; me pongo un poco rígida porque es mi primera vez. Él se da cuenta y me da un suave beso en la frente.

​—No tengas miedo mi pequeña.... no te imaginas cuánto he esperado este momento —me confiesa—. Pero si quieres esperar un poco más lo entenderé. Solo con saber que ahora eres mía por la eternidad soy el hombre más feliz.

​Me abraza fuerte y para mí no hay duda.

—Conan, yo también he esperado esto siempre. Quiero ser tuya en todo sentido— le contesto

​Nos miramos fijamente y en ese instante noto que sus ojos se vuelven dorados ahora su bestia es la que a tomado el control.

Se que el se está conteniendo, así que tomo las riendas y comienzo a desamarrar los listones de mi corset mirándolo de forma seductora. Dejo caer mi vestido y el aire frío golpea mi pecho, haciendo que mis pezones se pongan duros. Me quito la corona de flores y la lanzo lejos.

​En un parpadeo, él ya está frente a mí. Él comienza a quitarse el saco, mientras yo le ayudo a quitar su camisa y recorro su abdomen marcado con mis manos. Sus ojos vuelven a ser negros y me da un beso que desencadena un choque eléctrico en todo mi cuerpo.

—Gaia, me vuelves loco —me dice antes de besarme apasionadamente, quitándome la respiración.

​Me deposita suavemente en la cama.

—Eres perfecta —me dice.

​Comienza a bajar por mi cuello, haciéndome sentir cosas que nunca había sentido. Cuando llega a mis pechos, saborea mis pezones uno a uno, haciéndome gemir de forma desenfrenada. Se queda ahí un largo tiempo hasta que baja a mi abdomen y quita mis bragas lentamente. Abre mis piernas y siento su lengua en mi parte más sensible, moviéndose en círculos. Comienzo a jadear y un gruñido sale de su boca al sentir cómo me excito.

​Cuando termina, se quita los pantalones y quedo asombrada al verlo totalmente desnudo y erecto.

—¿Confías en mí? —me preguntó.

—Siempre —contesté con la respiración entrecortada.

​—Solo te dolerá un poco, pero después te gustará. Quisiera evitarlo, pero será solo un momento.

—Está bien, confío en ti.

​Se acomodó entre mis piernas y me llenó de besos el rostro diciéndome "te amo" mientras entraba lentamente. Sentí un dolor fuerte y traté de alejarlo por instinto, pero cuando entró por completo, el dolor se convirtió en placer. Él comenzó a moverse levemente, con cada movimiento, mi cuerpo se llenaba de un placer que nunca había experimentado, sus embestidas se volvieron cada vez más rápidas, mientras yo me aferraba a su espalda, completamente llena de placer.Pude notar que sus ojos se volvieron dorados y brillantes.

​—MÍA —Escuche la voz distorsionada de su bestia reclamarme.

—Soy solo tuya —contesté

​En ese momento, clavó sus colmillos en mi cuello, haciéndome sentir un ardor acompañado de un placer que me hizo gritar. Entonces, sentí un fuego en mis entrañas: era mi dragón resurgiendo. Mis ojos cambiaron a un azul intenso y mi cuerpo se calentó por completo. Conan seguía embistiendo y un gruñido salió de mí. Él se quedó quieto un segundo, mirándome, y su bestia comenzó a ronronear para tranquilizar a mi dragón.

​Continuó moviéndose abruptamente hasta que ambos llegamos al clímax. Conan se vació dentro de mí gritando de placer y se tumbó a mi lado. Mi dragón y su bestia se miraron directamente a los ojos a través de nosotros.

—¿Mía? —preguntó él.

—Siempre—respondió ella

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