—Señor Devonte —dijo Patrick—. Tenía diecisiete años cuando escuchó por primera vez los nombres de las dos personas cuyas muertes son el centro de este caso.
Jeremy miró al jurado.
No a Patrick.
No a la mesa de la defensa.
No a la galería donde estaba sentada Kara.
Al jurado.
A las doce personas comunes y corrientes que iban a decidir el significado de sus palabras.
—Sí —dijo—.
Dígale al tribunal lo que escuchó.
Jeremy respiró hondo.
No fue una respiración forzada.
Fue la respiración de alguien