Mi mujer…
Hakim salió de la habitación, y caminando por los pasillos, observó a Mahir que estaba alerta a sus pasos. Asintió hacia él para darle a entender que todo estaba bien y luego se dejó guiar hasta un despacho grande, con sofás de cuero.
El rey estaba allí con su esposa Adalia, y cuando él llegó, le ofreció un trago, y les pidió a los guardias que lo dejaran solos.
—Siéntese, por favor… —Rabbuh insistió, Hakim tomó el trago y se sentó, aunque sus hombros estaban tensos.
La mirada de Adal