AZAHARA.
—¿Has tocado su nariz? A veces pienso que no respira…
—Tranquila… Lo he comprobado, lo hace lento, pero lo hace… y no es para menos, aún está débil… haré más té y lo pondré en sus heridas.
—Iré por leña…
—Ten cuidado.
Hakim quería abrir los ojos, pero le estaba costando demasiado, incluso cuando comenzó a agitarse, le dolieron mucho las costillas.
Él podía escuchar las voces. Ambas femeninas, había un olor característico a madera muy cerca de él y a plantas hervidas. Se volvió a d