TE TOMARÉ AQUÍ, Y AHORA.
Rania no reparó en Adilá, se fue rápidamente caminando con los ojos nublados y con las ganas inmensas de ver a su hijo. Y, a pesar de que el guardia le dijo que no podía acercarse a la habitación, ella fue de todas formas.
—¿Pueden darme información de mi hijo? —el médico la miró, estaba afuera en el salón y negó.
—Lo siento mi señora, la orden es que nadie puede entrar ni puedo dar información.
—¿Nadie puede entrar? —el médico negó, y eso de cierta forma alivió a Ra