REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 8. Dos acostumbrados a ganar
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 8. Dos acostumbrados a ganar
Christian no aparta la mano de mi brazo por encima de su pañuelo. No ejerce presión, no me retiene… solo me cubre. Como si supiera que necesito ese pequeño escudo para no volver a derrumbarme.
Mi corazón late rápido, demasiado rápido, y de repente ya no es por miedo, no es por dolor, ni estrés ni ansiedad… Es por él.
Lo observo mientras saca el teléfono del bolsillo y envía un mensaje con movimientos precisos y seguros. No sé qué escribe per