CAPÍTULO 59. Una oferta
CAPÍTULO 59. Una oferta
Un jadeo suave se me escapa, pero no es precisamente por los diamantes, sino porque sé que Viggo usará esta oportunidad para cometer alguno de sus oscuros excesos y que terminaré como termino siempre: doliéndome, pero disfrutándolo.
—Está bien, acepto —le respondo y lo veo retroceder casi haciendo un bailecito de la victoria—. ¿Por qué presiento que te vas a aprovechar de eso?
—¿Por qué me conoces? —responde con otra pregunta y luego me besa—. Esa noche, nos vemos en la